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Neophilologus y la literatura espaủola e hispanoamericana posterior a1800. Sobre sendas contribuciones de Correa Camiroaga y de Ebels

Neophilologus y la literatura espaủola e hispanoamericana posterior a1800. Sobre sendas contribuciones de Correa Camiroaga y de Ebels

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H. Oostendorp



obras de Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz y hasta algunos teólogos protestantes estudiaban con entusiasmo las obras de sus colegas espoles católicos

Miguel de Molinos, el quietista, y Francisco Suárez, el teólogo que escribió libros

muy conocidos sobre el derecho y la ética.

Afortunadamente la actitud negativa cambió con la introducción del

Romanticismo en Holanda. Esto ocurrió más tarde que en Alemania, Francia e

Inglaterra, lo que explica que en los Países Bajos el interés por las literaturas nacionales como la expresión de la cultura de un ps tardó en despertar hasta finales del

siglo XIX. Es verdad que a partir de 1889 había escuelas en Holanda en las que se

enseñaban las lenguas modernas, entre las cuales se contaba el español, pero esto

con objetivo distinto: el conocimiento de estos idiomas se consideraba útil para el

comercio internacional, no para conocer la cultura de un ps.

Bajo la influencia del Romanticismo nació, en lo que concierne a España, el

interés por la pintura del Siglo de Oro (El Greco, Velázquez) y por el carácter

exótico de los espoles y del ps mismo. Esto resultaba en viajes a España de

muchos pintores holandeses. No obstante, para el estudio de la literatura española a

nivel académico hay que esperar hasta el año 1930, cuando Jonas A. van Praag fue

nombrado “lector” (profesor ayudante) de español en la Universidad Municipal de

Amsterdam.

El tardío interés por la ensanza universitaria de la lengua y literatura españolas

explica también que la revista Neophilologus, que fue fundada en el año 1915 por

catedráticos de francés, inglés y alemán para promover los estudios académicos en

estas lenguas y cuyo primer número salió en el o 1916, no contaba con el espol.

Es verdad que se publicaron, entre algunos otros, artículos de la pluma de Jonas

A.van Praag, pero éstos se limitaron al estudio de las traducciones de comedias

españolas al holandés, lo que fue el tema de su tesis doctoral. No fue hasta 1961

cuando salieron artículos de hispanistas extranjeros en Neophilologus, entre los

cuales señalamos como los primeros a Alan D. Deyermond, Frank P. Casa y César

B. Morris, quienes se cuentan hoy en día entre los hispanistas más prestigiosos.

Creo que gracias a estas y otras aportaciones por parte de hispanistas extranjeros

la redacción de Neophilologus llegó a la conclusion de que era el momento de añadir un hispanista al consejo editorial. En 1965 fue designado para la así fundada

sección de espol el que escribe, quien en 1962 había sido nombrado “lector” de la

Universidad de Groningen para la enseñanza de la lengua y literatura españolas. Yo

era el primer miembro de la redacción que no era catedrático hasta que en el año

1967 fui nombrado catedrático numerario en la misma Universidad.

Se puede comprobar que a partir del año 1969 comienza una corriente regular de

artículos sobre la literatura espola procedentes sobre todo de Inglaterra y los

Estados Unidos. Hasta los os noventa del siglo pasado se trataba sobre todo de

artículos sobre la literatura española anterior a 1800. No obstante, esto no quita para

que también se recibieran artículos que estudiaban la literatura posterior. Mientras

no faltaban artículos sobre las obras de autores del siglo XIX como Mariano José

Larra, Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán, Juan Valera y sobre todo Benito

Pérez Galdós, los autores del siglo XX despertaron más interés como se observa en

la cantidad de los escritores estudiados: José Martínez Ruiz (Azorín), Antonio y



Neophilologus y la literatura española e hispanoamericana posterior a 1800



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Manuel Machado, Ramón del Valle Inclán, Ramón Pérez de Ayala, Benjamín

Jarnés, Carmen Laforet, Blas de Otero, Camilo José Cela, Antonio Buero Vallejo,

Juan Benet, Rafael Sánchez Ferlosio, Miguel Delibes, Juan Goytisolo, Rosa

Montero y, por supuesto, Federico García Lorca.

Con respecto a Hispanoamérica se nota desde los años sesenta del siglo pasado

un creciente interés por el así llamado “boom”, que consistía en la publicación de

una abundancia de novelas hispanoamericanas muy apreciadas por el público de

lectores en todo el mundo. No es de extrañar que este entusiasmo se reflejara también en el aumento de artículos en Neophilologus que estudian estas novelas. Se

analizan obras de Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Amado Nervo,

Alfonso Reyes, Octavio Paz, Cesár Vallejo, Juan Carlos Onetti, Alejo Carpentier,

Jorge Icaza, Roberto Arlt, T. E. Martínez, Mario Vargas Llosa, Ramón de Ferré, José

Maria Arguedes, Augusto Monterroso, Ricardo Piglia. Esta enumeración demuestra

que los artículos sobre autores hispanoamericanos iban a ocupar un lugar cada vez

más grande en la sección espola de Neophilologus.

Los artículos que se ocupan de la literatura española desde 1800 están enfocados

la mayoría de las veces hacia el tema de cada novela, como, por ejemplo, el antisemitismo de Pío Baroja o la evolución desde el caos al orden en las novelas de

Benito Galdós. El mismo planteamiento se observa en los estudios sobre el teatro de

Ramón del Valle Inclán, Federico García Lorca, Fernando Arrabal y Antonio Buero

Vallejo. Artículos sobre la poesía espola resultan raros en Neophilologus; hay

algunos sobre Rosalía de Castro, Antonio y Manuel Machado, Rafael Alberti y Luis

Cernuda. El poeta de mayor popularidad es sin duda Federico García Lorca; en

Neophilologus aparecieron hasta ahora cinco artículos sobre su poesía y cinco sobre

su teatro.

No obstante, llama la atención que a lo largo de los años se va cambiando la

manera de la cual se estudia la obra o las obras de un autor. Mientras antes se solía

partir de lo que se puede llamar la estructura superficial de una obra literaria, luego

se pasa poco a poco a escudriñar la estructura profunda. Es decir que se va estudiando una obra literaria más como un producto de una realidad política o cultural.

Nos referimos a artículos sobre novelas y obras de teatro en los que se detecta una

protesta clara o encubierta contra el régimen de Franco, como en las obras de Luis

Martín Santos, Carmen Laforet, Camilo José Cela, el dramaturgo Antonio Buero

Vallejo y el poeta Blas de Otero. Incluso hay un artículo que defiende una interpretación negativa del descubrimiento de America, hecho histórico tan glorificado

durante el régimen como una proeza española. Además, observamos que en los

últimos años aparecen también artículos sobre la literatura posterior a la muerte de

Franco en 1975, que describen el impacto que la dictadura de treinta y seis años ha

tenido para el pueblo español.

El feminismo está representado por artículos sobre Carmen Martín Gaite, Rosa

Montero y Lydia Falcón. Por otra parte, son raras las contribuciones que estudian la

influencia de determinadas corrientes culturales en las obras literarias. Estas se limitan a un estudio sobre el modernismo en la novela Camino de perfección de Pío

Baroja y un interesante artículo sobre las ideas estéticas de José Ortega y Gasset.



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H. Oostendorp



En los artículos sobre la literatura hispanoamericana se manifiesta la misma evolución que observamos en los artículos dedicados a la literatura española. Desde las

últimas décadas del siglo pasado Neophilologus recibe un número creciente de

artículos sobre las novelas que pertenecen al “boom” hispanoamericano. La mayoría de las veces estas novelas se desarrollan en ciudades y tienen como personajes

descendientes directos de los conquistadores españoles o mestizos. No obstante,

hay algunas aportaciones que analizan novelas indigenistas, en las que los protagonistas son indios, como por ejemplo en Huasipungo de Jorge Icaza.

En cuanto a los estudios sobre la literatura hispanoamericana notamos un creciente interés por la relación entre la literatura y la sociedad. En un artículo publicado

en Neophilologus por Stephan M. Hart (1999) titulado “‘El Oficio de Escribir’:

Some Notes on Literary Print Culture in Spanish America in the Twentieth Century”

podemos leer cómo en el siglo XX aumenta el número de periódicos y otros medios

de comunicación, lo que explica un acceso por parte del público a reseñas sobre

libros publicados. Tampoco faltan en Neophilologus estudios que se ocupan más

específicamente de las diferencias entre la cultura moderna y postmoderna, basándose en las teorías de los filósofos Derrida y Deleuze. Se observa también un interés

por el papel que desempeñaba el público femenino en la recepción del modernismo.

Hay también artículos sobre las novelas que abogan por la emancipación de la

mujer. Otros artículos estudian la evolución de la crítica literaria y el carácter peculiar de la literatura hispanoamericana. Alma M. Alarcón-Negy (2008), a su vez,

compara la autobiografía del escritor cubano Reinaldo Arenas con autobiografías

norteamericanas similares, en las cuales, en contraste con la de Arenas, otros personajes juzgan más benevolamente sobre la homosexualidad del yo. Mencionamos,

por ultimo, el artículo de Charlotte Lange (2009), “The Truth behind a Scandal:

Jorge Ibargüengoitia’s Las Muertas,” donde la autora describe detenidamente determinadas situaciones negativas en Méjico, como una parodia de Capote’s “Gold

Blood” y la “New Journalism.”

Como fui el redactor de la sección de espol desde 1965 hasta 2011, la redacción de Neophilologus me pidió un comentario sobre los artículos referentes a la

literatura espola e hispanoamericana posterior a 1800. Además, me rogaron elegir

de entre ellos dos artículos que a mi modo de ver merecían una segunda publicación

en este volumen conmemorativo con motivo del centenario de la revista en 2016. He

elegido para este honor el artículo de José Correa Camiroaga ([1982] 2016) titulado

“La estética en José Ortega” y el de Fenny Ebels ([2009] 2016) titulado “Reading

the Frame: Signalling Politics in Nada.” El primer artículo explica muy claramente

las ideas del famoso filósofo espol José Ortega y Gasset (1885–1955) sobre la

diferencia entre la ciencia y el arte. Correa Camiroaga ([1982] 2016) lo cita como

sigue:

La ciencia convierte cada cosa en un caso, es decir, aquello que es común a esta cosa con

otras muchas. Esto es lo que se llama abstrucción. La vida descubierta por la ciencia es una

vida abstracta, mientras, por definición, lo vital es concreto, lo incomparable, lo único.

(140)



y un poco más adelante:



Neophilologus y la literatura española e hispanoamericana posterior a 1800



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La ciencia busca la verdad. El arte, que nos da visiones totales, repitámoslo una vez más,

busca lo verosímil, lo semejante a la verdad y nos entrega, por tanto, un mundo mucho

menos exacto, pero más rico que la ciencia. Lo verosímil es la representación de la realidad,

pero tratada a través de la metáfora, y lo que importa en esta verosimilitud expuesta en la

obra de arte, es lo que el hombre ha querido expresar por ella. (ibid.)



Ortega define aquí la diferencia entre el carácter de la ciencia y el del arte. Según él,

la ciencia es incapaz de captar la vida concreta. El arte, en cambio, nos evoca la

realidad como el hombre la ha vivido y sigue viviendo concretamente. Como

nosotros vivimos en un mundo donde en las universidades desaparecen cada vez

más los estudios que se ocupan del arte en todas sus formas, me parece muy útil

llamar la atención hacia las ideas de Ortega sobre el valor del arte para la cultura

humana.

El artículo de Fenny Ebels ([2009] 2016) demuestra como la novela Nada (1944)

de Carmen Laforet (1921–2004) es una obra que evoca la realidad política y social

en España después de la Guerra Civil (1936–1939). Para escapar a la censura, la

escritora oculta su punto de vista político, que el lector atento tiene que adivinar a

través de la dedicatoria a personas de la izquierda española de aquel entonces y las

alusiones a pintores cuyas obras se pueden interpretar como protestas contra la dictatura del régimen de Franco en general y sobre todo contra la represión de la cultura catalana. El hecho de que esta novela conocía en breve tiempo 23 reediciones

demuestra a las claras que muchos lectores entendían la intención de la escritora. Y

reconocían sus propias experiencias en esta época de opresión y pobreza durante y

después de la Guerra Civil en Espa.



Referencias

Alarcón-Negy, Alma M. 2008. ¿Q posee de “queer” la autobiografía Areniana Antes que anochezca? Neophilologus 92: 641–649.

Correa Camiroaga, José. (1982) 2016. La estética en Ortega. En Tracing paradigms: One hundred

years of Neophilologus, ed. Rolf. H. Bremmer Jr, Thijs Porck, Frans Ruiter y Usha Wilbers,

137–146. Dordrecht: Springer.

Ebels, Fenny. (2009) 2016. Reading the frame: Signalling politics in Nada. En Tracing paradigms:

One hundred years of Neophilologus, ed. Rolf. H. Bremmer Jr, Thijs Porck, Frans Ruiter y

Usha Wilbers, 147–161. Dordrecht: Springer.

Hart, Stephen M. 1999. “El oficio de escribir”: Some notes on literary print culture in Spanish

America in the twentieth century. Neophilologus 83: 387–409.

Lange, Charlotte. 2009. The truth behind a scandal: Jorge Ibargüengoitia’s Las muertas.

Neophilologus 93: 453–464.



Part V



German



Versuch eines Bildungsgangs des

Simplicissimusdichters1

J. H. Scholte



Von fremden Zonen bin ich her verschlagen

Und durch die Freundschaft festgebannt”



Mit diesen Worten läßt sich auch Grimmelshausens Schriftstellerleben charakterisieren. Wie Goethe stammte er aus der Maingegend. Auf den Titelblättern einiger

unter seinem eigenen Namen herausgegebenen Schriften nennt er sich Gelnhusanus.

Und in der Urkunde seiner Heirat, die sich zum Glück erhalten hat, lesen wir, daß

der „Ehrbare Johann Jacob Christoff Von Grimmelshausen des Lob. Elterischen

Regiments Secretarius, Herrn Johannis Christoffen geweßenen2 burger zu

Gelnhausen hinderl. Ehel. Sohn” sich am 30. August 1649 mit der „Tugendtsamen

Catharina Henningerin, Herrn Wachtmeister Leutenampts Joannis Henningers

Eheliche Dochter Von Zabem” verehelicht habe. Die Herkunft des Dichters ist

damit festgelegt.

Über das Jahr seiner Geburt, wie überhaupt über seine Jugendschicksale, sind

wir weniger gut unterrichtet. Die sichern Zeugnisse setzen erst mit seiner

Offenburger Zeit, aus der auch obenstehende Heiratsurkunde stammt, ein. Daselbst,



Reprinted from Neophilologus 7 [1922], 190–207.

1



Für die Motivierung verschiedener Einzelglieder dieses Bildungsgangs muβ ich auf meine früheren einschlägigen Veröffentlichungen verweisen: Hybspinthal, Zeitschrift für deutsche Philologie,

XLIII, 234 flgg.; Probleme der Grimmelshausenforschung, Groningen 1912; Grimmelshausen und

die Illustrationen seiner Werke, Zeitschr. für Bücherfreunde, N. F. IV, 1 flgg., 33 flgg.; Die Ortenau

und Grimmelshausen, Mitteilungen des Hist, Vereins für Mittelbaden, III, 104 flgg.; Einige

sprachliche Erscheinungen in verschiedenen Ausgaben von Grimmelshausens Sitnplicissimus und

Courasche, Beiträge zur Geschichte der deutschen Sprache und Literatur, XL, 268 flgg.; Die

sprachliche Ueberarbeitung der Simplicianischen Schriften, Zeitschr. für Bücherfreunde, N. F.

XII, 1 flgg.; Grimmelshausens Anteil an der sprachlichen Gestalt der ältesten Simplicissimusdrucke,

Modern Language Notes, XXXV, 65 flgg., 193 flgg.; Zonagri Diseurs von Waarsagern, Ein Beitrag

zu unserer Kenntnis von Grimmelshausens Arbeitsweise in seinem Ewigwährenden Calender mit

besonderer Berücksichtigung des Eingangs des Abentheuerlichen Simplicissimus, Verhandelingen

der Koninklijke Akademie van Wetenschappen te Amsterdam, 1921. Dankbar verwertete ich weiter

Bechtolds Grimmelshausen und seine Zeit, Heidelberg 1914, und verschiedene Aufsätze in der

Zeitschrift Ortenau. Auch Herrn Legationsrat Freiherrn Dr. Rudolf von Schauenburg in Gaisbach

möchte ich für jahrelange freundschaftliche Förderung danken.

2

So lese ich die Eintragung im Gegensatz zu Bechtold, Ortenau I, 116.

© Springer International Publishing Switzerland 2016

R. H. Bremmer Jr et al. (eds.), Tracing Paradigms: One Hundred Years of

Neophilologus, DOI 10.1007/978-3-319-33585-8_16



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J. H. Scholte



in Offenburg, in weiterem Sinne in der Ortenau, fand er seine zweite Heimat. Dort

entwickelte sich sein Schriftstellertalent, dort gelangte der heimatlos gewordene

Sohn des kriegerischen Zeitalters zur gefestigten bürgerlichen Existenz. Der

Friedensschl ermưglichte ihm offenbar die Gründung eines Hausstands.

Es war auch hier die Freundschaft eines sozial Höhergestellten, persönliche

Auszeichnung jedenfalls, die dieses Lebensschicksal bestimmte. Der Höchstkommandierende in Offenburg, Obristleutnant Hans Reinhard von Schauenburg,

richtete sein Interesse auf den jungen Gelnhauser. Wenn wir der betreffenden

Anekdote, die Grimmelshausen ln seinem Ewigwährenden Calender mitteilt,

Glauben schenken dürfen, war die Veranlassung abenteuerlich genug. Nachdem

nämlich Herzog Bernhard von Weimar die Stadt Breisach erobert hatte (1638),

rüstete er sich, wie Grimmelshausen erzählt, gegen Offenburg. In dieser Zeit der

Bedrängnis sei im Mühlbach eine Scholle oder ein ähnlicher Salzwasserfisch gefangen worden, der als Naturwunder dem Kommandanten verehrt worden sei. An diese

wunderbare Speisung habe „ein noch junger Musquedirer, von Geburt ein

Gelnhäuser” die Prophezeiung geknüpft: solange dieser Oberst in Offenburg kommandiere, werde die Stadt nicht eingenommen werden. Zwischen dem

Kommandanten und dem jungen Gelnhauser entwickelten sich, vielleicht anläßlich

des etwas hưfisch anmutenden Orakelspruchs, der sich erfüllte, besondere

Beziehungen: Grimmelshausen, der schon damals eine flotte Feder führte, wurde in

der Kanzlei des Obersten beschäftigt. Als ältestes Dokument dieser Periode verwahrt das Badische Generallandesarchiv einen am 10. Dezember 1640 von

Grimmelshausen im Auftrag des Kommandanten geschriebenen Brief, der an den

Abt des Klosters Gengenbach gerichtet war.

Der spätere Dichter mag damals ein kaum waffenfähiger Musquetier gewesen

sein, der die letzten fünf Jahre seines jungen Lebens unter Verhältnissen, die

denen seines Haupthelden Simplicissimus wohl entsprochen haben werden, verbracht hatte. „Anno 1635 wurde ich in Knabenweiß von den Hessen gefangen und

nach Cassel geführt”, lautet eine Kalendereintragung unterm 25. Februar 1670.

Und wenn es im Satyrischen Pilgram heißt, daß der Autor „im zehenjährigen

Alter ein rotziger Musquedirer worden”, so haben wir darin eine zuverlässige,

wenn auch schriftstellerisch gefärbte, Mitteilung über das eigene Leben zu

erblicken.

Der Aufenthalt in der Offenburger Kommandantur und die Gönnerschaft des

Freiherrn von Schauenburg wurden für die Bildung und die Karriere des soldatischen Schreibers maßgebend. Er hatte für seine Vorgesetzten allerhand zu tun,

schrieb für die Besatzung Mannschafts- und Soldlisten, für den Kommandanten

Briefe an den Kaiserlichen General Maximilian von Bayern, zeichnete vermutlich

selbst, um die Urgenz und die Ausführbarkeit vorgeschlagener Befestigungen zu

beweisen, Pläne und Skizzen dazu, schilderte die in den nächsten Jahren zunehmende Not der Stadt und das Bedürfnis nach besserer Verproviantierung, und gab den

dadurch veranlaßten Wünschen und Forderungen beredten Ausdruck. Immer wieder stoßen wir in der Korrespondenz des Offenburger Kommandanten, die in den

Akten des Dreißigjährigen Kriegs im Münchener Reichsarchiv bewahrt liegen, auf

die festen Schriftzüge unseres späteren Literaten. Der Name des Schreibers kommt



Versuch eines Bildungsgangs des Simplicissimusdichters



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aber nirgends vor. Auch fehlt uns die genaue Andeutung seines Dienstgrads und

Amts. Dennoch wäre es erwünscht, wenn die von ihm geschriebene Korrespondenz

mit den Antworten, die zusammen natürlich auch ein allgemeineres historisches

Interesse haben, in diplomatischem Abdruck der Wissenschaft allgemein zugänglich gemacht würden.

Diese aus Offenburg datierten, vermutlich in zunehmendem Maße von

Grimmelshausen selbständig stilisierten Briefe ziehen sich durch die vierziger Jahre

hin, bis sie mit einem Schreiben vom 5. Mai 1647 plötzlich aufhören. Ein ganzes

Jahr lang ist die Spur, die sich so regelmäßig verfolgen läßt, verloren, bis wir sie in

einem Brief des Obristen Johann Burkhard von Elter an den Kurfürsten Maximilian

von Bayern dd. 4. Juni 1648 wiederfinden und uns daraufhin zu der Schlußfolgerung

für berechtigt halten dürfen, daß Grimmelshausen damals beim Kommandanten von

Wasserburg am Inn eine ähnliche Stelle innnegehabt haben mag, wie zuvor beim

Kommandanten von Offenburg an der Kinzig. So wird er denn auch bei seiner

Trauung als Secretarius des Elterischen und nicht des Schauenburgischen Regiments

eingetragen.

Er kehrte nach der Ortenau zurück. Auch das Herz wird ihn dahin gezogen

haben. Die Heirat mit einer offenbar angesehenen und vermutlich wohlhabenden

Bürgerstochter mag auch seiner sozialen Lage zugute gekommen sein. Über die

Gründe seines Dienstwechsels vorher sind wir ebenso wenig unterrichtet wie über

die Voraussetzungen eines neuen Amtsantritts bald darauf. Überhaupt sind es nur

konkrete Einzeltatsachen, die sich, dazu noch mit Unterbrechungen, zusammenstellen lassen; der von uns so gewünschte Kommentar wird ihnen begreiflicherweise

nicht beigegeben. Zuweilen lassen sich auch Tatsachen in ununterbrochener

Reihenfolge konstatieren. Im Kirchenbuch von Oberkirch finden wir am 3. Mai

1650 die Taufeintragung eines Franciscus mit dem Zusatz: „Parentes Joan Jacob

Christophorus de grimmeishausen et Oeconomus in gaißbach et Uxor eius.”

Taufzeugen waren der Oberkircher Ochsenwirt Georg Friedrich Haag und die Frau

des Schultheißen Abraham Goll. In der nächsten Taufeintragung wird der Vater als

„Hanß Jacob der Schaffner in Geißbach” bezeichnet. Außer dem eben genannten

Georg Friedrich Haag, der auch beim dritten, vierten und fünften Kind als Taufzeuge

fungierte, finden wir als Gevatterin eingetragen: „Anna Dorothea Herrn Hanß

Reinhardt von Schauwenburg Dochter.” Nach ihr wurde das Kind Anna Dorothea

genannt.

Der ehemalige Offenburger Regimentsschreiber war also dem früheren

Kommandanten von Offenburg in die bürgerliche Existenz gefolgt. Hans Reinhard

widmete sich jetzt ganz der Erhaltung des Stammsitzes derer von Schauenburg und

der Vermehrung des Familienguts. Aus den Urkunden des Archivs ersteht uns sein

Bild als das einer imponierenden, zielbewußt in aristokratischem Sinne strebenden

Persưnlichkeit, zu der das von ihm erhaltene Ưlbild aus dem Jahre des

Friedensschlusses vorzüglich paßt: ein ernstes, willenskräftiges, des Befehlens

gewohntes Gesicht, Haar und Barttracht der höheren Kreise jener Zeit, Lederkoller

von Elenshaut mit roter Feldbinde und breitem Spitzenkragen.



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J. H. Scholte



Bei seinen energischen Bemühungen, die Familienangelegenheiten besser zu

ordnen, den Besitz zu vergrưßern und die Liegenschaften gewinnbringender zu

exploitieren, stand ihm sein Schaffner tatkräftig zur Seite. Ohne Zweifel hatte

Grimmelshausen als Gaisbacher Ökonom reichlich Gelegenheit, seine Kenntnisse

zu erweitern, Lebenserfahrung zu sammeln und verschiedene Gesellschaftsklassen

gründlich kennen zu lernen. Die Schriftstücke, die man aus dieser Zeit sowohl im

Landesarchiv in Karlsruhe wie im Schauenburgischen Familienarchiv in Gaisbach

findet, machen den Eindruck, daß er mit großer Selbständigkeit die Interessen seiner

Herrschaft vertrat. Übrigens scheint er nicht lediglich bei Hans Reinhard, sondern

vorübergehend, oder vielmehr gleichzeitig, auch bei dessen Vetter Carl Bernhard

von Schauenburg tätig gewesen zu sein.

Die Interessen der Schauenburger dehnten sich bis in die höchstgelegenen

Gegenden des malerischen Tals aus, wo das Rauschen der „Wilden Rench” dem

Simplicissimusdichter bei seinen wiederholten Besuchen im „Schauenburgischen

Sauerbrunnen” – das ist Griesbach – ebenso anheimelnd in die Ohren geklungen

haben mag, wie es dem modernen Besucher der Bäder Peterstal und Griesbach in

der Erinnerung bleibt. Er liebte die neue Heimat: die Berge mit ihren Fernsichten,

die enge Schlucht mit ihren heilkräftigen Brunnen. Zu einer Zeit, wo wir in der

Literatur noch kaum Spuren von Naturstimmungen finden, läßt er seinen Helden

sich in die heimatliche Landschaft versenken: Ich wohnete auf einem hohen Gebürg,

die Moß genannt, so ein Stück vom Schwartzwald und überal mit einem finstern

Dannenwald überwachsen ist; von demselben hatte ich ein schưnes Asehen gegen

Aufgang in das Oppenauer Thal und dessen Neben-Zincken, gegen Mittag in das

Kintzinger Thal und die Grafschafft Geroltzeck, allwo dasselbe hohe Schl

zwischen seinen benachbarten Bergen das Ansehen hat, wie der Kưnig in einem

aufgesetzten Kegel-Spil; gegen Nidergang konte ich das ober und unter Elsaß übersehen und gegen Mitternacht der niedern Marggraffschafft Baaden zu, den

Rheinstrom hinunter; in welcher Gegend die Stadt Straßburg mit ihrem hohen

Münster-Thurn gleichsam wie das Hertz, mitten mit einem Leib beschlossen, hervor pranget.”

Fand er auf den Bergen die stimmungsvolle Einsamkeit der unberührten Natur,

im Tal wimmelte, wenn die Badesaison zum Aufenthalt lockte, eine bunte

Menschenwelt von allerhand Schlag und Gesinnung. Es ging da nicht bettlerisch

her, wie auf dem gewöhnlichen Weg – erzählt etwa Moscherosch von diesen

Renchtalbädern – es sah hier aus wie in einem Krämerladen beim Jahrmarkt oder

am Meßtag: „da Jubilirer, dort Zuckerbecken; hie Materialisten, dort Trugisten; da

Goldschmide, dort Seydensticker; da Goldschlager, dort Korallenkrämer; da

Berlensticker, dort Haarkräuser; da Bartscherer, dort Haarpülverer; da

Handschuhmacher, dort Spitzenkrämer; dort Tubackkrämer, dort Kartenmaler und

viel andere mehr der Welt Wollust und Üppigkeit (Frölichkeit wolte ich sagen)

zugethane Handwerker und Künstler. Bastetenbecke, Wirtshäuser, Bierhäuser,

Spielhäuser, Hurenhäuser waren da alle schritt und tritt anzutreffen…. Es gung so

kuraschy her, daß mir das Maul noch wässert wann ich daran gedencke.”

Auch Grimmelshausens Brotherr hatte Veranlassung, dort die Bäder zu benutzen.

Am 28. Juli 1658 schrieb Grimmelshausen für ihn einen Brief an den Markgrafen



Versuch eines Bildungsgangs des Simplicissimusdichters



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von Baden, in dem Hans Reinhard um einige Wochen Aufschub in einer InvestiturAngelegenheit bittet, da er sich „der Zeith alhier etwaß übel auff befinde unnd

dahero den Saurbronnen gebrauche.” Wir sehen im Geist den Schaffner zu Pferd die

Burg verlassen, um das Tal bis nach Griesbach hinaufzureiten und sich vom gichtgeplagten Obristen a. D. die Unterschrift für den Landesherrn zu holen.

Er selbst datiert von Griesbach aus seinen Ewigwährenden Galender, dessen

Entstehung im Warhafften Bericht von Erfinder dieses Calenders auf einen

Griesbacher Aufenthalt im Jahre 1669 zurückgeführt wird: „Als ich im verwichenen

Julio dieses 1669. Jahrs die Saurbrunnen Chur brauchte, und nunmehr wie mir mein

Doctor vorgeschrieben hatte, mit den Gläsern uffstige und darauff wie sein Geck

hin und wider lauffen muste, begegnete mir ein uhraltes Weib mit eim Korb oder

Zain wie sie es daselbst nennen, uff dem Kopff, die eylte dem Saurbrunnen zu; ich

grüste sie und fragte wohin und was sie trüge? Sie antworttet, guten frischen Butter

solchen im Saurbrunnen zu verkauffen.” Dieses uralte Weib ist Simplicissimi

„Meüder”, von der der angebliche Herausgeber des Calenders die Einwickelpapiere



Abbildung 1 Obenstehende Karte vereinigt alle Ortschaften, die für Grimmelshausens schriftstellerischen Bildungsgang in Betracht kommen: links unten Offenburg, links oben Renchen: Anfang

und Ende. In der Mitte Oberkirch mit dem traulichen Gaisbach, das durch den Simplicissimusdichter

zur Berühmtheit gelangen wird; darüber entdeckt das mit der Lupe bewaffnete Auge die Ullenburg;

nach rechts hinunter kann man den Lauf der Rench verfolgen über Oppenau und Peterstal bis nach

dem Sauerbrunnen Griesbach



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J. H. Scholte



erhält, auf die ihr Sohn, bevor er in die Neue Welt gereist sei, den Kalender

geschrieben habe.

Eine Begegnung des Simplicissimus selbst mit seinem „Knan” in derselben

Gegend — dem Tal zwischen Griesbach und Oberkirch — wird im Fünften Buch

des Abentheuerlichen Simplicissimus geschildert: „Einsmals spazierte ich mit etlichen Stutzern das Thal hinunder, eine Gesellschafft im undern Bad” — das ist

natürlich Peterstal — „zu besuchen, da begegnet uns ein alter Baur mit einer Geiß

am Strick, die er verkauffen wolte, und weil mich diinckte, ich hätte dieselbe

Person mehr gesehen, fragte ich ihn, wo er mit dieser Geiß her käme. Er aber zoge

sein Hütlein ab und sagte: Gnädiger Hearr, eich darffs auch Werlich neit sahn. Ich

sagte: Du wirst sie ja nicht gestolen haben? Nein, antwort der Baur, sondern ich

bring sie auß dem Stättgen unden im Thal, welches ich eben gegen dem Herrn

nicht nennen darff, dieweil wir vor einer Geiß reden.” Aus demselben Geiste heraus nennt Grimmelshausen an anderer Stelle seinen malerischen Wohnort Aegis

Potamos (man vergleiche die Terrainkarte auf Abbildung 1 und die Reliefkarte auf

Abbildung 2).



Abbildung 2 Diese Reliefkarte bringt in das Gekritzel der orientierenden ersten Abbildung die

erwünschte Perspektive hinein, sie zeigt uns den südwestlichen Teil der Orientierungskarte von der

Gegend aus, wo die Rench ihren südlichsten Punkt erreicht: Peterstal. Rechts kann man das

malerische Tal der Wilden Rench hinauf bis Griesbach verfolgen, links folgt das Auge dem Fluß

talabwärts bis Oppenau, während die weite Ferne durch Namen wie Lautenbach, Appenweier und

Renchen bloß angedeutet wird. In der Nähe von Lautenbach liegt im Tal das Städtchen Oberkirch,

etwas bergaufwärts Gaisbach mit dem Schl, hưher das Vorgebirge hinauf die Ruine Schauenburg



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